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El Curandero, el cálido sazón en Puerto Escondido

Yolanda Peach | Leche con tuna

Uno de los lugares más fascinantes de la costa oaxaqueña es Puerto Escondido. Antiguo pueblo de pescadores que ahora buscan los amantes del surf, paracaidismo y buceo.

Un destino turístico en el que encuentras restaurantes de todas partes del mundo, cocina gourmet, bares y cafés galerías. Al preguntar, entre los mismos prestadores de servicios qué lugar recomendaban para comer mariscos, la respuesta fue la misma: El Curandero.

Lo increíble de Puerto Escondido, es que, actualmente, encuentras ofertas culinarias de todo tipo, pero las de mariscos son contados y en este lugar conservan las recetas costeñas que, en otro tiempo, le diera fama al lugar.

Está ubicado en el Camino a Puerto Angelito, en la Primera Sur esquina con Hidalgo. Este sí es un negocio totalmente de la familia donde se observa bastante movimiento.

Hace algunos años, ahí había una tiendita. Vecinos le pedían a doña Lorena, de vez en vez, que les cocinara por encargo, ya que su sazón le había dado fama.

“Mi mamá es fan de los mariscos, así que los sabe cocinar de varias formas, por eso es que venían a buscarla por su cocina”, nos cuenta su hija.

Tras platicarlo en familia, deciden abrir un pequeño restaurante, al que le ponen El Curandero, “un poco de magia, de la cocina tradicional que cura, de utilizar lo natural como parte de un ritual diario”.

Ni siquiera tuvieron que utilizar publicidad, la de boca en boca fue más que suficiente y, con el pasar de las semanas, tuvieron que ampliar y remodelar.

Abren de miércoles a lunes, a partir de la una de la tarde hasta las 7 de la noche, pero su actividad empieza temprano, cuando van a la orilla de la playa para comprar la pesca del día, “todo es fresquecito, incluso los pescadores ya nos conocen y nos reservan lo mejor”.

Los camarones los preparan al mojo de ajo, al ajillo, a la diabla, al coco y empanizados. El pescado a la diabla, al ajillo, al mojo de ajo y a la veracruzana y los filetes, empapelados, empanizados, a la diabla y al mojo de ajo.

Si quieres empezar con un coctel, tienen de camarón, de pulpo, caracol, campechano y el infaltable vuelve a la vida “Chile costeño, habanero, todas las salsas las prepara mi mamá”

El sazón, difícil de igualar, lo puedes saborear en los caldos, de camarón, pescado o mixto,

Preparan mariscadas, ostiones, aguachiles rojo o natural. Entre sus platillos estrella está el sashimi, sazonado, natural o estilo curandero, o las tiritas de pescado.

De tomar tienen cervezas, cheladas, micheladas, mezcal, ron, tequila y whisky, piña colada, piñada, rusa, limonada, naranjada, agua de frutas de temporada y, por supuesto, cocos.

En lo que estuvimos ahí, llegó gente que no alcanzó lugar, así que les ofrecieron una silla y una bebida, en lo que esperaban que se desocupara una mesa. Aquí llega, desde gente local, hasta turistas nacionales y extranjeros que buscan mariscos frescos y el toque costeño que amenazaba con perderse.

Una atención cálida, recetas de casa y el templo de resguardo de la buena cocina para curarse el alma.

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