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La Maestría en la Panadería de San Pedro Huamelula

♦ Yolanda Peach | Leche con tuna

La mente y las manos detrás de una de las panaderías que ha dejado su huella en la tradición gastronómica de San Pedro Huamelula, es Rosalba Avendaño Hernández, una comunidad que conserva las técnicas ancestrales para elaborar el pan artesanal.

Con 25 años de experiencia en el negocio, Rosalba ha respetado la receta de un pan especial que ha deleitado a generaciones de lugareños y visitantes. En una entrevista exclusiva, compartió algunos de los secretos detrás del pan tradicional.

Explicó que ocupa 30 kilos de harina, 12 kilos de azúcar, tres casilleros de huevos y tres kilos de manteca. Esta mezcla única se amasa con destreza y se deja reposar, para después utilizar el horno de leña para su cocción.

Este pan, apuntó, es una parte esencial de los eventos sociales que se celebran en San Pedro Huamelula, especialmente durante las festividades.

Cuando se le preguntó sobre la recepción de su pan en la comunidad, Rosalba compartió con orgullo: «La gente que lo ha probado lo describe como un pan rico, un pan tradicional del Istmo, del pueblo, de San Pedro Huamelula».

Rosalba no se limita a un solo tipo de pan; su habilidad culinaria abarca una amplia variedad de productos horneados. Para eventos sociales, se especializa en la elaboración de pan de cazuela y pan de leche. Para el día a día, su panadería ofrece tortas, roscas y yemas, satisfaciendo los antojos de quienes buscan autenticidad y calidad en cada bocado.

«Aprendí mucho de mi mamá, quien también era una panadera apasionada. Ahora, después de más de 25 años en este negocio, he decidido continuar su legado y servir a mi comunidad con pan fresco y delicioso».

La panadería de Rosalba lleva el nombre de Panadería Rosibet y se encuentra en la calle Guadalupe sin número, San Pedro Huamelula. Durante más de dos décadas, ha sido un punto de referencia para quienes buscan pan de calidad, tradición y sabor en el corazón del Istmo.

La historia de Rosalba y su dedicación a la panadería son un ejemplo de cómo el amor por la cocina puede convertirse en una herencia cultural que trasciende generaciones. Su pan, con sus raíces profundas en la tradición istmeña, es un testimonio vivo de la importancia de preservar y celebrar las tradiciones culinarias locales.

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