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La destrucción como arte

Yolanda Peach | Leche con tuna

En el desastre, nadie razona, nadie es valiente. Lo que queda es el miedo, la memoria fragmentada y la necesidad urgente de entender qué se perdió cuando la tierra se abrió. Víctor Cha’ca lo sabe porque le ocurrió.

La octava sección de Juchitán, donde creció, quedó irreconocible tras el sismo de septiembre de 2017. Las casas altas, las fachadas que funcionaban como brújula cotidiana, desaparecieron. ¡A veces llego y me desoriento!, dice.

Ese extravío atraviesa Xu Ro’ / Terremoto, la exposición que el artista presenta en el Centro Cultural San Pablo, construida a partir de vigas, maderas y restos de casas tradicionales colapsadas por un movimiento telúrico que partió en dos la vida del Istmo.

“Se lo dedico a las víctimas, a las casas que se destruyeron. Esas casas coloniales tropicales jamás se van a volver a levantar. Alrededor de diez mil se cayeron y ese tipo de vivienda desapareció”.

Para Cha’ca, el terremoto dejó de ser un fenómeno natural para convertirse en una exigencia. Una necesidad de obra. Tan solo 15 días después del sismo idealizó el proyecto, aunque su realización implicó años de trabajo físico, decisiones y una carga emocional constante. “Un proyecto muy ambicioso y también muy difícil”.

Antes de pensar en esculturas, organizó a sus vecinos. Durante un mes, junto con su hija Roselia y Víctor Cata, levantó cocinas comunitarias. Todo fue autogestión. La ayuda institucional nunca llegó. Esa experiencia colectiva, esa unión forzada por la urgencia, detonó la idea. “De ahí surgió la explicación, el sentido del proyecto”.

En enero de 2018 comenzó a recopilar vigas. Maderas antiguas, duras, resistentes, con más de cien años de sostener techos. Muchas formaron triángulos que salvaron vidas; otras aplastaron cuerpos. “Varias de esas vigas protegieron a miles de personas. Otras mataron”. Esa dualidad atraviesa toda la muestra.

Cha’ca realizó la primera parte del trabajo en San Agustín Etla y, tras la pandemia, en la colonia Morelos de la Villa de Etla. Ahí tomó forma la mayor parte de las piezas. Cada una implicó una dificultad distinta.

Tallar madera vieja, con años de historia y peso, exigía un esfuerzo extremo. “Quise que el trabajo manual fuera complejo. Son esculturas muy complicadas, imposibles de repetir. Cada pieza es única”.

La obra habla de destrucción porque esa experiencia está abierta. La reconstrucción material avanzó a medias y la emocional quedó suspendida. “Después de este terremoto jamás vuelve la normalidad. Lo que se intensifica es el comportamiento humano: quien es envidioso se vuelve más envidioso, quien es egoísta se vuelve más egoísta, quien es pendejo se vuelve más pendejo y quien es generoso se vuelve más generoso”. El sismo como amplificador del carácter.

Lo que más lo marcó fueron las víctimas. Personas a las que conocía, con las que convivió”. “A una vecina le cayó una viga y la mató”. También los animales. Los perros, especialmente. “Antes del movimiento empiezan a aullar en manada. Sienten miedo. Durante una réplica vi a uno aullar sin moverse; cuando terminó, corrió y nunca volvió”. Esa escena quedó grabada. “Empecé a temblar con ellos, a llorar con ellos. En el desastre nadie razona, nadie es valiente”.

Para Cha’ca, su pretensión no es curar el duelo con el arte sino volverlo visible. Funciona como homenaje póstumo a los 78 muertos del terremoto. Como acto de memoria. Xu Ro’ / Terremoto reúne 44 piezas en escultura y cerámica a alta temperatura de las más de 80 que creó, que se distribuyen en distintos espacios del Centro Cultural San Pablo, con dos núcleos temáticos: la muerte y Animalia, rostros y nahuales.

El recorrido incluye una obra monumental en el atrio y esculturas realizadas íntegramente con vigas rescatadas del colapso.

Una de las piezas centrales representa a seis mujeres que murieron durante el sismo y, al mismo tiempo, a todas aquellas que lograron salvarse. “Aquí está representado todo. Metí cuerpo, alma y espíritu. Todo mi guenda está aquí”.

La exposición inaugura el viernes 6 de febrero de 2026, al mediodía, con una charla a cargo del propio artista y del curador Héctor Palhares. Permanecerá abierta hasta el 10 de mayo. Para Cha’ca, también funciona como un cierre. “Quiero poner fin a este capítulo”.

Cerrar tampoco significa olvidar. Es fijar la experiencia en la materia. Convertir restos en testimonio. Darle forma a algo que todavía tiembla.

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