Antes de que llegue el primer plato, la conversación huele a sal. César Álvarez Macayo recurre a la memoria del litoral para explicar lo que sucede en la mesa de Casa Macayo’s: guachinango, pardo, atún, ostiones, pulpo, langosta. Producto que viaja poco y conserva su pulso intacto; frescura sostenida en la cercanía con el mar y en una variedad que marca el carácter de la costa oaxaqueña.

El chef describe ese vínculo desde lo esencial. Un camarón al mojo de ajo, una mojarra apenas sazonada con sal y ajo bastan para construir una experiencia ligada a la vida junto al agua.
Habla de una ramada, de una mesa sencilla frente al mar, de una infancia que regresa a través del sabor. La cocina funciona entonces como un puente sensorial: cada plato trae consigo la calma, el aire salino, el ritmo pausado de la costa.

Esa memoria también se guarda en recetas específicas. La salsa de chicatana ocupa un lugar central: una preparación heredada de su abuela y de su madre que conserva técnicas y matices familiares. Más que un distintivo en el menú, representa una continuidad que se mantiene viva en cada servicio.
El traslado a una nueva ubicación marcó un momento clave para el proyecto. El espacio, abierto y rodeado de vegetación, sugiere la atmósfera costera a través de un jardín que privilegia la luz y la amplitud.

La experiencia se completa con detalles como el clamato preparado de la casa, cuya receta permanece en reserva y acompaña la propuesta con un perfil fresco y especiado.

Macayo habla de su cocina en referencias concretas, como Corralero, Puerto Miniso, El Faro. Puntos del mapa donde el sazón se construye a partir de ingredientes sencillos y técnicas transmitidas por generaciones. Ese sabor —con sal de mar y ajo molido— define una identidad clara dentro de la oferta gastronómica local.

En cada plato hay una intención precisa: acercar la costa oaxaqueña a la ciudad con fidelidad y carácter. La experiencia, más que explicarse, se percibe desde el primer bocado.
Quedan los platos vacíos, el olor a ajo y sal, y la sensación de que el mar cruzó la ciudad y pasó por la mesa.





