El cuchillo entra sobre la arrachera todavía jugosa mientras la plancha trabaja a toda temperatura. Detrás, una tortilla de harina recién hecha pasa directo de la máquina al fuego. Aguanta queso derretido, salsa y una carga de carne bien trabajada. En El Norteñito el ritmo lo marca todo: humo constante, armado preciso y una cocina que gira alrededor del norte del país.

La propuesta toma distancia de la taquería convencional en Oaxaca. Aquí el eje está en las tortillas de harina, o de arete, como las llaman en su tierra, recién maquinadas y elaboradas para sostener sabores más intensos.
Cada orden sale con esa sensación de cocina en movimiento que obliga a mirar la plancha antes de dar el primer bocado.

Entre todo el menú, el cono de chicharrón se roba la atención. La idea nació desde una costumbre muy específica: compartir chicharrón viendo partidos. Varias manos alrededor de la mesa.
Lo llevaron a formato taquería y el resultado terminó como uno de esos antojos que se quedan dando vueltas en la cabeza. Cruje fuerte, viene cargado y mezcla textura con jugosidad en cada mordida.

Para quien llega por primera vez, la ruta le cautiva. La barbacoa de res destaca por el balance entre suavidad y grasa; el pirata de arrachera mantiene la carne al punto exacto para conservar jugo y firmeza; y la prensada de chicharrón aparece carnosa y crujiente.
Todo acompañado por tortillas de harina recién hechas que son parte esencial de la experiencia.

El lugar, ubicado Tinoco y Palacios, callejón Boca del Monte 605-A en el centro, busca algo muy específico, como es buena comida, música norteña, mesas activas y gente que sale satisfecha. Aquí se viene a comer bien.
Vienes por curiosidad, te quedas por el sabor y vuelves por el antojo.





