♦ Yolanda Peach | Leche con tuna
La cocinera tradicional Natividad García Martínez, originaria de San José Chacalapa y fundadora del proyecto Doña Naty, abrió su ponencia con una advertencia sencilla: para entender los tamales de su comunidad, primero había que conocer su historia. Y así lo hizo, acompañada por su esposo y su hija, mientras su hijo, estudiante del Instituto Culinario El Mulli, apoyaba como parte del staff del encuentro.

Su charla, titulada Tamales de Chacalapa, fue un recorrido íntimo por la tradición que heredó de su abuela y que actualmente sostiene a su familia. Desde la cocina de su casa, en un clima cálido y húmedo que marca los ritmos de la vida cotidiana, Natividad convierte una práctica comunitaria en una empresa familiar que creció a fuerza de constancia.
Compartió detalles precisos sobre la técnica que da identidad a sus tamales: por cada kilo de maíz quebrado, nixtamalizado en casa, utiliza un cuarto de manteca. Para el amasado no emplea agua, sino caldo de pollo, un gesto que amplifica el sabor y distingue el tamal de su región.

En Chacalapa, contó, los tamales se obsequian durante eventos masivos, y existen variedades tradicionales como los de frijol y los de calabaza, que siguen presentes en el día a día de las familias.
Natividad relató cómo empezó con un pequeño puesto al que llamó Doña Naty, donde vendía tamales en las mañanas. Ese espacio, que en un inicio parecía modesto, terminó convirtiéndose en el punto de partida de un proyecto mayor: en la actualidad organiza eventos y menús completos, atiende a grupos y trabaja con la misma receta que la acompañó desde la infancia.

En su intervención hubo un momento que arrancó sonrisas en el auditorio: su esposo tomó la palabra y afirmó que “no hay amor más puro y sincero que el de un tamalero”, para reconocer el esfuerzo cotidiano que sostiene el oficio.
Natividad aprovechó para señalar que, aunque muchas personas menosprecian el trabajo de una tortillera o una tamalera, ella encontró en esa labor una oportunidad para darle rumbo a su vida y unir a su familia a través del sabor.
Cada uno de los pasos que contó, del maíz al fogón, del puesto modesto a los eventos que hoy coordina, reafirmó la esencia de su mensaje: los tamales de Chacalapa alimentan al tiempo de narrar una historia que se escribe en manos de las mujeres que defienden su cocina como patrimonio.




