♦ Yolanda Peach | Leche con tuna
En un certamen que reunió a los mejores hidromieleros del mundo, la marca oaxaqueña Ñuñu volvió a poner el nombre de México en alto al obtener dos medallas de oro con sus variantes de café y capulín.
La competencia, celebrada este año con la participación de más de 200 muestras y un jurado internacional integrado por especialistas de México, Polonia, Estados Unidos y Francia, evaluó la técnica, la calidad sensorial y la expresión cultural detrás de cada bebida.

Para Juan Carlos Pérez Cruz, fundador de Ñuñu, este logro, más que un premio, representa la confirmación de que el camino artesanal, el respeto a las abejas y la fidelidad a las raíces oaxaqueñas pueden medirse de tú a tú con los grandes productores del mundo.
“Cada medalla es fruto del trabajo fermentado con paciencia y dedicación. Las abejas nos enseñaron a trabajar en comunidad, y eso es lo que hacemos: construir desde Oaxaca un proyecto que hable con verdad y con sabor”, compartió Juan Carlos tras conocer los resultados.

Las hidromieles galardonadas, elaboradas con miel mantequilla de acahual y fermentadas con granos de café y frutos de capulín cultivados por productores locales, destacaron por su equilibrio aromático, su complejidad y su autenticidad.
El jurado resaltó el uso de ingredientes regionales y la elegancia con que Ñuñu traduce el paisaje oaxaqueño en una copa.
En la categoría de hidromieles frutales, la de capulín impresionó por sus notas de cereza silvestre y la pureza de su fermentación; mientras que la de café fue reconocida por su cuerpo aterciopelado y su final limpio, con un sutil recuerdo floral de la miel.

Con este nuevo triunfo, Ñuñu suma otro hito a su recorrido internacional. En menos de tres años, conquistó paladares en Polonia, Guadalajara y ahora en esta competencia global, consolidando una trayectoria que demuestra que la hidromiel mexicana tiene identidad, técnica y futuro.
Más allá de las medallas, el proyecto sigue fiel a su origen: dar valor a la miel oaxaqueña y a quienes la producen.
“Más que competir, se trata de compartir lo que somos. Oaxaca tiene alma, y nuestra hidromiel la lleva dentro”, dice Juan Carlos, mientras sostiene una copa dorada donde burbujea, una vez más, la esperanza.