Nos habían contado que, en Tamazulápam del Espíritu Santo, en la zona mixe, son muy celosos de sus tradiciones. No ven con buenos ojos a los que llegan a la comunidad.

Hasta ahora, son el único pueblo que conocemos donde conservan tradiciones prehispánicas intactas. Repiten rituales que lograron perpetuar, algunas tal vez disfrazadas, pese a la invasión española y a la modernidad que ha traído el paso de los siglos.

El pueblo jamás conquistado, es así como se conocen, y lo demuestran con sus costumbres y tradiciones. No necesitan, ni han requerido el apoyo externo. Su cultura está a salvo y eso no les impide prosperar.

El domingo es el Día de Plaza, algunos comerciantes de pueblos vecinos llegan a vender sus productos, otros son nativos del lugar. Las mujeres salen con sus canastos o bolsas artesanales para escoger lo que ocuparán en la semana.

Una de las características de esta plaza, es que los pobladores no regatean. Saben el valor de cada producto y, sobre todo, el trabajo que representa cultivar o recolectar lo que ofrece la naturaleza, a la que veneran.

El espacio que ocupa el mercado no es muy grande, no ocupa más de 300 metros. En la entrada están los locales fijos, donde puedes desayunar, ya sea los tradicionales tamales de la región o barbacoa de chivo.

Están los que traen hortalizas frescas. Se nota en el tamaño de las lechugas que son orgánicas, rábanos y otras yerbas.

Llama la atención la carne, en su mayoría oreada, como las vísceras o el tasajo.

Están los puestos de pan característicos del lugar en grandes canastos.

Por ser domingo, compran flores, muchas de ellas las llevan al templo que está a unos metros.

Una de las bebidas que se preparan es el pulque, que también se vende en esta plaza.

Y están las artesanías, como las elaboradas con barro, o los textiles, con su sello característico con la que se distingue a sus pobladores.

Un lugar donde todavía encuentras a hombres y mujeres portar con orgullo sus trajes típicos, como su reboso, hilo de algodón tejido en telar de cintura, blanco con hilos a lo largo color azul, verde y rojo.

Conservan el idioma mixe que es con el que ofrecen sus productos y platican.

Llevan a sus pequeños a la plaza y les compran un helado, “para que se estén quietos”.

Sobre todo, conservan la solemnidad, pasos firmes y frente en alto. Un pueblo que ha sabido ser ejemplo de progreso sin perder su identidad.