Una reunión de 200 almas en el inframundo. Un pacto místico con la muerte. Un llamado a reflexionar no sólo sobre la muerte, sobre todo, el disfrutar la vida. Un espectáculo en grande el que ofreció Aquelarre by Koch.

Aquelarre, un término que proviene de la lengua euskera, aker significa “macho cabrío” y larre, “campo», y hace referencia a una reunión nocturna de brujos con un invitado especial, el demonio.

Durante siglos se realizó por toda Europa, ya que se esperaba obtener poderes sobrenaturales en este ritual.

Si se es objetivo, puede darse otro significado, son las religiones judeocristianas las que identifican el macho cabrío con Satanás, el paganismo lo identifica con el dios griego de la fertilidad, Pan.

En la Edad Media castigaban a los integrantes de los aquelarres hasta morir, lo que dio origen a que, a su alrededor, se crearan muchas leyendas.

En días pasados vivimos una versión muy oaxaqueña, con gastronomía, mezcal, música, performances y un ritual de iniciación del fuego. Se celebró en el Espacio Cazahuates, en San Agustín de las Juntas.

El evento lo organizó Koch, el mezcal de Oaxaca, con otros participantes, como diferentes productores de mezcal, Criollo, Tierra del Sol, chocolate Oaxakísima, café Blasón.

Se trató de una producción realmente en grande. Al llegar, era como estar en la puerta del inframundo, aunque no cualquiera, sino del mismísimo Mitlán.

La recepción de altas estuvo a cargo de cuatro cuervos. Un cura daba la bendición y entregaban pócimas de bienvenida.

Sólo al entrar estaba la lancha que te cruzaría al más, lleno de flor de cempasúchil, y, del otro lado, te esperaba la muerte.

Un performance de primer nivel, representaron los siete pecados capitales y se hizo un llamado de caracol a los cuatro puntos cardinales, hubo ópera viva, ballet folclórico y encendido de la hoguera por los guardianes mezcaleros e invitados.

En todo el recorrido se pasó por escenarios míticos, performances de brujos, diablos, catrines y mimos.

Criollo de Grupo Olvera fue el encargado de servir la cena a la luz de las velas.

El chef nos platicó que eligieron mole y dulces típicos de Oaxaca para poner un poquito de lo que es el día de muertos

“Transmitir un poco la energía y retomar las tradiciones en Oaxaca (…) es una fecha muy importante, donde todos recordamos a nuestros seres queridos y qué mejor que darles una buena comida”.

Un menú de varios tiempos, amenizado con música de la maestra Silvia María, lo que permitió que fuera un festín para todos los sentidos.

Toda la cocina fue prepara con leña y carbón, un poco ahumado.

Iniciaron con puré de berenjena quemado con calabaza en tache y requesón, tamalito de zanahoria con mole negro y de plato fuerte cerdo a las brasas, camote y ensalada de cebollas, con pan de pulque con ceniza.

Se presentó la panadería de Criollo, pan de muerto que sirvieron con champurrado.

Una vez que se disfrutó la cena, está de más decir que todo exquisito, se concluyó con luces artificiales ¡Todo un espectáculo!

Al otro día fue el guateque, con un recorrido del lugar, un performance, coctelería y cocina a cargo de Criollo y Tierra del Sol.

Se cerró con un juego de luces que iluminaron el cielo.

Un evento inigualable e inolvidable. Una muestra de que en Oaxaca se puedan lograr espectáculos grandiosos que compiten con los mejores del mundo.