Grandes y dulces, las calabazas criollas son las idóneas, en el mes de noviembre, para adornar las tradicionales ofrendas de Día de Muertos.

Este fruto que generalmente se da entre septiembre y octubre, es un tesoro en los recetarios mexicanos y uno de los postres predilectos de la temporada.

Preparada con canela y piloncillo, la calabaza en dulce se ha convertido en un elemento esencial en las ofrendas que en este día se montan para honrar a los difuntos.

Al igual que todos los elementos que forman parte de la ofrenda, la calabaza tiene un significado simbólico, pues junto con el maíz, el frijol y el chile, es de gran importancia en la alimentación de nuestro país desde tiempos prehispánicos, hasta la fecha.

Resulta que este postre, es el que obsequian en el restaurante Bugambilias, ubicado en la calle Azucena 2 en el fraccionamiento Jardines del Sur en Huajuapan, a quien prueba el tradicional Mole de Caderas.

Y si hay algo que caracteriza a Josefina Dolores García López es su generosidad. No ha dudado en compartir sus recetas, incluso las de su autoría, aunque después las plagien en restaurantes de otras localidades.

Le pedimos si nos mostraba cómo se preparaba y nos comentó que a ella la enseñaron en casa.

La calabaza, una vez cortada en trozos, se agrega al agua hirviendo, donde también se le agrega el piloncillo, la canela y la azúcar.

A fuego lento se deja reducir el agua. Ella no espera a que se caramelice por completo, sino que a que tenga una textura tersa y la sirve calientita.

Una receta que parece sencilla, pero es la tradicional de la calabacita en dulce y un postre que no puede faltar en los altares oaxaqueños para agradar a nuestros difuntos.